Publicado por salusmartin

[LA ORGANIZACIÓN DE LA ESCUELA Y DE LA CULTURA: LA ESCUELA UNITARIA]

(1932)

ANTONIO GRAMSCI

[En esta nota Gramsci parte del análisis del desarrollo científico-productivo y social, en el que se encuentra la raíz de la escisión del principio cultural, y de la consiguiente duplicidad de escuelas de cultura (clásica-técnica) y de escuelas puramente manuales-profesionales. De esta escisión, y de su posterior complicación, nace la necesidad objetiva de la recuperación de una nueva unidad educativa y cultural. La unicidad de las vías educativas es un aspecto de la exigencia de la “unificación cultural del género humano”. La escuela unitaria producirá la superación de la discriminación clasista. Gramsci insiste sobre el instituto de enseñanza media como parte de esta escuela unitaria y sobre su relación con la Universidad, con la afirmación fundamental de que toda escuela unitaria es activa y de que en su fase más adulta se convierte en creativa. Concluye augurando la unificación del trabajo manual e intelectual, no sólo a nivel escolar, sino a todos los niveles de la sociedad adulta, a través de todo el entramado de las estructuras materiales de la ideología.]

[1. Desarrollo científico-técnico y crisis de la escuela: escuela desinteresada y escuela para la profesión. Necesidad de una escuela única inicial “humanista”]

Se puede observar, en general, que en la civilización moderna todas las actividades prácticas han adquirido tanta complejidad, y las ciencias se han mezclado hasta tal punto con la vida, que toda actividad práctica tiende a crear una escuela para los dirigentes y los especialistas, y, por consiguiente, a crear un grupo de intelectuales especializados del grado más elevado, capaces de enseñar en estas escuelas. De este modo, junto al tipo de escuela que podríamos llamar “humanista” (que es el tipo tradicional más antiguo, concebido para desarrollar en cada individuo humano la cultura general todavía no diferenciada, la potencia fundamental de pensar y de saber orientarse en la vida) se ha ido creando un sistema de escuelas particulares de grado diverso, para ramas profesionales enteras, o para profesiones ya especializadas y perfectamente individualizadas. Así, se puede decir que la crisis escolar actual se relaciona con el hecho de que este proceso de diferenciación y de particularización se produce caóticamente, sin principios claros y precisos, sin un plan bien estudiado y conscientemente establecido: la crisis del programa y de la organización escolar, es decir, de la dirección general de una política de formación de los modernos cuadros intelectuales es, en gran parte, un aspecto y una complicación de la crisis orgánica, más general.

La división fundamental de la escuela en clásica y profesional constituía un esquema racional: la escuela profesional, para las clases instrumentales; la clásica, para las clases dominantes y los intelectuales. El desarrollo de la base industrial, tanto en la ciudad como en el campo, creó una necesidad creciente del nuevo tipo de intelectual urbano: junto a la escuela clásica se desarrolló la escuela técnica (profesional, pero no manual), lo cual puso a discusión el principio mismo de la orientación concreta de la cultura general, de la orientación humanista de la cultura general, fundada en la tradición grecorromana. Puede decirse que la discusión de esta orientación equivale, prácticamente, a destruirla, porque su capacidad formativa se basaba, en gran parte, en el prestigio general y tradicionalmente indiscutido de una determinada forma de civilización.

Hoy se tiende a abolir todo tipo de escuela “desinteresada” (no inmediatamente interesada) y “formativa”, o a no dejar más que un ejemplar reducido para una pequeña élite de señores y señoras que no han de pensar en preparar un futuro profesional; por otro lado, se tiende a difundir cada vez más las escuelas profesionales especializadas, donde se predetermina el destino y la actividad futura de los alumnos. La solución de la crisis deberá seguir, racionalmente, esta línea: escuela única inicial de cultura general, humanista, formativa, que equilibre el desarrollo de la capacidad de trabajar manualmente (técnicamente, industrialmente) con el desarrollo de las capacidades del trabajo intelectual. De este tipo de escuela única se pasará, a través de repetidas experiencias de orientación profesional, a una de las escuelas especializadas o al trabajo productivo.

Debe tenerse presente la tendencia, actualmente en desarrollo, según la cual toda actividad práctica tiende a crear su propia escuela especializada, del mismo modo que toda actividad intelectual tiende a crear círculos de cultura propios que asumen la función de instituciones post-escolares, especializadas en la organización de las condiciones que permiten estar al corriente de los progresos verificados en el propio ramo científico.

[2a. El personal técnico-político y su formación especializada]

[…] los órganos deliberantes tienden cada vez más a diferenciar su actividad en dos aspectos “orgánicos”: el deliberativo, que es el aspecto esencial, y el técnico-cultural, por el cual las cuestiones a resolver son sometidas, antes, al examen de los expertos y al análisis científico. Esta actividad ha creado ya todo un cuerpo burocrático de nueva estructura, pues, además de los órganos especializados que preparan el material técnico para los órganos deliberantes, se crea un segundo cuerpo de funcionarios, más o menos “voluntarios” y desinteresados, elegidos ora en la industria, ora en la banca o en las finanzas. Es éste uno de los mecanismos por medio de los cuales la burocracia profesional ha terminado controlando los regímenes democráticos y los parlamentos: el mecanismo se va extendiendo ahora orgánicamente y absorbe en su círculo a los grandes especialistas de la actividad práctica privada, que controlan así regímenes y burocracias. Puesto que se trata de un desarrollo orgánico necesario (que tiende a integrar al personal especializado en la técnica política con el personal especializado en las cuestiones concretas de administración de las actividades prácticas esenciales de las grandes y complejas sociedades nacionales modernas), todo intento de exorcizar estas tendencias desde el exterior no da otro resultado que una serie de sermones y de lloriqueos retóricos.

Se plantea la cuestión de modificar la preparación del personal técnico-político, integrando su cultura según las nuevas necesidades, y de formar nuevos tipos de funcionarios especializados que integren colectivamente la actividad deliberativa. El tipo tradicional del “dirigente” político, preparado sólo para las actividades jurídico-formales, resulta anacrónico y representa un peligro para la vida estatal: el dirigente debe tener un mínimo de cultura técnica general que le permita, si no “crear” autónomamente la solución justa, al menos comparar entre las soluciones propuestas por los especialistas y elegir la más justa desde el punto de vista “sintético” de la técnica política.

[2b.  Las redacciones de revistas. Orientación acerca del funcionamiento de los órganos deliberantes colectivos y de los “círculos” de cultura]

[…] un tipo de organismo deliberante colectivo que intenta conseguir la competencia técnica necesaria para operar con realismo […] [son] ciertas redacciones de revistas que funcionan, a la vez, como redacciones y como círculos de cultura. El círculo critica colectivamente y, así, contribuye a elaborar los trabajos de los redactores individuales, cuya operatividad se organiza según un plan y una división del trabajo racionalmente dispuesto. A través de la discusión y de la crítica colectiva (hecha de sugerencias, consejos, indicaciones metodológicas, crítica constructiva, pensada para la educación recíproca), en la que todos operan como especialistas en su materia para integrar la competencia colectiva, se llega a elevar el nivel medio de los redactores individuales, a ponerse a la altura del más preparado, asegurando a la revista, así, una colaboración cada vez más escogida y orgánica, y creando las condiciones para la aparición de un grupo homogéneo de intelectuales preparados para producir una actividad “editorial” regular y metódica (no sólo de publicaciones ocasionales y de ensayos parciales, sino también de trabajos orgánicos de conjunto).

Es indudable que, en esta actividad colectiva, todo trabajo produce nuevas capacidades y posibilidades, porque crea condiciones de trabajo cada vez más orgánicas: ficheros, recensiones bibliográficas, colecciones de obras especializadas fundamentales, etc. Se exige una lucha vigorosa contra la tendencia al diletantismo, a la improvisación, a las soluciones “oratorias” y declamatorias. El trabajo debe hacerse especialmente por escrito; también deben hacerse por escrito las críticas, en notas breves y sucintas, lo cual se puede conseguir distribuyendo a tiempo los materiales. Escribir las notas y las críticas es un principio didáctico impuesto por la necesidad de combatir la tendencia habitual a la prolijidad, a la declamación y al paralogismo, provocada por la oratoria. Este tipo de trabajo intelectual es necesario para hacer adquirir a los autodidactas la disciplina en el estudio que procura la carrera universitaria regular, para taylorizar el trabajo intelectual. […] es útil una cierta “estratificación” de las capacidades y actitudes, y la formación de grupos de trabajo bajo la dirección de los más expertos y desarrollados, que aceleren la preparación de los más atrasados e incultos.

[3a. La “carrera escolar”. La organización de la escuela unitaria]

Un punto importante en la organización práctica de la escuela unitaria es el relativo a la carrera escolar en sus diversos grados, según la edad y el desarrollo intelectual-moral de los alumnos y los fines que la escuela quiere alcanzar. La escuela unitaria o de formación “humanista” (humanista en sentido amplio, y no sólo al modo tradicional), o de cultura general, debe proponerse incorporar a los jóvenes a la actividad social, después de haberlos elevado hasta un cierto grado de madurez y de capacidad, de creación intelectual y práctica, y de autonomía en la orientación y en la iniciativa. La fijación de la edad escolar obligatoria depende de las condiciones económicas generales, porque éstas pueden obligar a exigir a los jóvenes y a los niños una cierta aportación productiva inmediata. La escuela unitaria exige que el Estado asuma los gastos que hoy corren a cuenta de la familia para el mantenimiento de los escolares, es decir, transforma de arriba a abajo el presupuesto del Ministerio de Educación Nacional, ampliándolo y complicándolo de modo inaudito: toda la función de educación y formación de las nuevas generaciones pasa de privada a pública, porque sólo de esta manera puede alcanzar a todas las generaciones sin divisiones de grupos o castas. Ahora bien, esta transformación de la actividad escolar exige una enorme ampliación de la organización práctica de la escuela, es decir, de los edificios, del material científico, del cuerpo docente, etc. Debe aumentarse especialmente el cuerpo docente, porque la eficencia de la escuela es tanto mayor e intensa cuanto menor es la proporción entre maestros y alumnos; pero esto plantea otros problemas, de solución nada fácil ni rápida. Ni siquiera la cuestión de los edificios es sencilla, porque este tipo de escuela debería ser una escuela-colegio, con dormitorios, comedores, bibliotecas especializadas, salas adaptadas al trabajo de seminario, etc. Por esto, el nuevo tipo de escuela deberá ser forzosamente, al principio, una escuela de grupos limitados, de jóvenes elegidos por concurso o seleccionados por instituciones idóneas, bajo su responsabilidad.

[3b. Grados y años de la escuela unitaria. El grado elemental: su contenido y su orientación dogmática]

La escuela unitaria debería corresponder al periodo representado hoy por las escuelas elementales y medias, pero reorganizadas no sólo por el contenido  y el método de enseñanza, sino también por la disposición de los diversos grados de la carrera. El primer grado elemental no debería abarcar más de tres o cuatro años y, junto a la enseñanza de las primeras nociones “instrumentales” de la instrucción (leer, escribir, aritmética, geografía, historia), debería tratar la parte, hoy tan descuidada, de los “derechos y deberes”, es decir, las primeras nociones del Estado y de la sociedad, como elementos primordiales de una nueva concepción del mundo en lucha contra las concepciones impuestas por los diversos ambientes sociales tradicionales, es decir, las concepciones que podemos llamar folclóricas [de “cultura popular”]. El problema didáctico a resolver es el de moderar y fecundar la orientación dogmática que no puede dejar de tener [la escuela] en estos primeros años. El resto de la carrrera escolar no debería durar más de seis años, de modo que a los quince o dieciséis se hubiesen completado todos los grados de la escuela unitaria.

[3c. Los orígenes socioculturales familiares facilitan o dificultan el desarrollo del aprendizaje. Importancia de la compensación de las diferencias culturales en origen en la nueva escuela unitaria]

Se puede objetar que un currículo escolar de estas características es demasiado fatigoso por su rapidez, si se quieren obtener efectivamente los resultados que la actual organización de la escuela clásica se propone, pero no alcanza. Puede decirse, sin embargo, que el complejo de la nueva organización deberá contener en sí mismo los elementos generales que hacen hoy la carrera escolar demasiado lenta, para una parte de los alumnos por lo menos. ¿Cuáles son estos elementos? En una serie de familias –especialmente de las capas medias- los niños encuentran en la vida familiar una preparación, una prolongación y una integración de la vida escolar, absorben, por así decirlo, “en el aire” una serie de nociones y de actitudes que facilitan la carrera escolar propiamente dicha: conocen ya y desarrollan el conocimiento de la lengua literaria, es decir, el medio de expresión y de conocimiento, técnicamente superior a los medios de que dispone, por término medio, la población escolar entre los seis y los doce años. Los alumnos de la ciudad, por el solo hecho de vivir en ciudad, han absorbido ya antes de los seis años una gran cantidad de nociones y de actitudes que hacen más fácil, más fructífera y más rápida la carrera escolar. En la organización interna de la escuela unitaria deberán crearse, por lo menos, las principales de estas condiciones; además, junto a la escuela unitaria debe desarrollarse una red de guarderías infantiles y otras instituciones, en las cuales, antes incluso de la edad escolar, los niños se habitúen a una disciplina colectiva, y adquieran nociones y actitudes pre-escolares. De hecho, la escuela unitaria debería organizarse como colegio, con vida colectiva diurna y nocturna, liberada de las actuales formas de disciplina hipócrita y mecánica; el estudio debería realizarse colectivamente, con ayuda de los maestros y de los mejores alumnos, incluso en las horas de trabajo llamadas individuales, etc.

[4a. La última etapa de la escuela unitaria: el Instituto de Enseñanza Media]

El problema fundamental se plantea en la fase de la carrera escolar que viene representada hoy por el Instituto, y que no se diferencia en nada, como tipo de enseñanza, de las clases anteriores, si no es por la presuposición abstracta de una mayor madurez intelectual y moral del alumno, a causa de la mayor edad y de la experiencia acumulada anteriormente.

De hecho, entre el Instituto y la Universidad, y entre la escuela y la vida, existe actualmente un salto, una verdadera solución de continuidad, no un paso racional de la cantidad (edad) a la calidad (madurez intelectual y moral). De la enseñanza puramente dogmática, en la que la memoria tiene un papel muy importante, se pasa a la fase creativa, o de trabajo autónomo e independiente; de la escuela con una disciplina de estudio impuesta y controlada autoritariamente, se pasa a una fase de estudio o de trabajo profesional, en la cual la autodisciplina intelectual y la autonomía moral son teóricamente ilimitadas. Y esto ocurre inmediatamente después de la crisis de la pubertad, cuando la fogosidad de las pasiones instintivas y elementales no ha terminado todavía de luchar con los frenos del carácter y de la conciencia moral en formación. En Italia, además, donde en la Universidad no se ha difundido el principio del trabajo de “seminario”, el paso es todavía más brusco y mecánico.

[4b. El Instituto como escuela creativa. Diferencias con la escuela activa en las primeras etapas de la escuela unitaria]

Por eso, en la escuela unitaria la última fase debe concebirse y organizarse como la fase decisiva, en la que se tiende a crear los valores fundamentales del “humanismo”, la autodisciplina intelectual y la autonomía moral necesarios para la especialización posterior, sea de carácter científico (estudios universitarios), sea de carácter inmediatamente práctico-productivo (industria, burocracia, organización de los intercambios, etc.). El estudio y el aprendizaje de los métodos creativos, en la ciencia y en la vida, deben empezar en esta última fase de la escuela, y no deben constituir un monopolio de la Universidad o abandonarse a la regulación automática de la vida práctica: esta fase escolar debe contribuir ya a desarrollar el elemento de la responsabilidad autónoma en los individuos, ser una escuela creativa.

Se debe distinguir entre escuela creativa y escuela activa, incluso en la forma dada por el método Dalton. Toda la escuela unitaria es escuela activa, aunque debamos poner límites a las ideologías libertarias en este terreno y reivindicar con cierta energía el deber de las generaciones adultas, es decir, del Estado, de “conformar” las nuevas generaciones. Estamos todavía en la fase romántica de la escuela activa, en la cual los elementos de la lucha contra la escuela mecánica y jesuítica se han dilatado morbosamente por razones de contraste y de polémica: debemos entrar en la fase “clásica”, racional, y encontrar en los fines a alcanzar la fuente natural de inspiración para elaborar los métodos y las formas[1].

La escuela creativa es la culminación de la escuela activa: en la primera fase se tiende a disciplinar y, por lo tanto, a nivelar, a obtener un cierto “conformismo” que se puede llamar “dinámico”[2]. En la fase creativa, sobre la base ya alcanzada de “colectivización” del tipo social, se tiende a dar expansión a la personalidad, ya autónoma y responsable, pero con una conciencia moral y social sólida y homogénea. Escuela creativa no significa, pues, escuela de “inventores y descubridores”: indica una fase y un método de investigación y de conocimiento, y no un “programa” predeterminado con obligación de originalidad y de innovación al precio que sea. Indica que el aprendizaje se consigue especialmente con un esfuerzo espontáneo y autónomo del alumno, en el cual el maestro no ejerce más que una función de guía amistoso, como ocurre (o debiera ocurrir) en la Universidad. Descubrir una verdad por sí mismo, sin  sugerencias ni ayudas externas, es ya creación, aunque se trate de una verdad vieja: demuestra que se está en posesión del método; indica que uno se encuentra en la fase de madurez intelectual en que pueden descubrirse nuevas verdades. En esta fase, la actividad escolar fundamental se llevará a cabo, pues, en los seminarios, en las bibliotecas, en los laboratorios experimentales; en ella se recogerán las indicaciones orgánicas para la orientación profesional.

El advenimiento de la escuela unitaria significa el comienzo de nuevas relaciones entre el trabajo intelectual y el trabajo industrial, no sólo en la escuela sino en toda la vida social. El principio unitario se reflejará, por eso, en todos los organismos culturales: los transformará y les dará un nuevo contenido.

[5. Las Academias como centros de alta cultura e instituciones educativas para adultos, o como Sociedades Económicas de Amigos del País. Su relación con las Universidades]

Actualmente, estas dos instituciones son independientes entre sí, y las Academias son el símbolo, a menudo ridiculizado (con razón), de la separación existente entre la alta cultura y la vida, entre los intelectuales y el pueblo […].

En una nueva situación de las relaciones entre la vida y la cultura, entre el trabajo intelectual y el trabajo industrial, las Academias deberán convertirse en la organización cultural (de sistematización, expansión y creación intelectual) de los elementos que después de la escuela unitaria pasarán al trabajo profesional, en un lugar de encuentro de éstos con los universitarios. Los elementos sociales empleados en el trabajo profesional no deben caer en la pasividad intelectual, sino que deben tener a su disposición (por iniciativa colectiva y no individual, como función social orgánica considerada de necesidad y utilidad públicas) instituciones especializadas en todos los ramos de la investigación y del trabajo científicos, en los cuales puedan colaborar y donde encuentren todas las ayudas necesarias para cualquier forma de actividad intelectual que quieran emprender.

La organización académica deberá reorganizarse y revitalizarse a fondo. Desde el punto de vista territorial, se necesitará una centralización de competencias y de especializaciones: centros nacionales que asimilarán las grandes instituciones ya existentes; secciones regionales y provinciales, y círculos locales urbanos y rurales. Se establecerán secciones según las disciplinas científico-culturales, las cuales estarán representadas íntegramente en los centros superiores, pero sólo parcialmente en los círculos locales. Se deberán unificar los diversos tipos de organizaciones culturales existentes: Academias, institutos de cultura, círculos filosóficos, etc., integrando el trabajo académico tradicional –que consiste, sobre todo, en la sistematización de los conocimientos del pasado y en el intento de fijar una media del pensamiento nacional como guía para la actividad intelectual- con las actividades ligadas a la vida colectiva, al mundo de la producción y del trabajo. Se controlarán las conferencias industriales, la actividad de la organización científica del trabajo, los gabinetes experimentales de las fábricas, etc. Se creará un mecanismo para seleccionar e impulsar las capacidades individuales de la masa popular, sacrificadas hoy y frustradas en un sinfín de errores e intentos sin salida. Todo círculo local habrá de tener, necesariamente, una sección de ciencias morales y políticas, y organizar, a la vez, las demás secciones especiales para discutir los aspectos técnicos de los problemas industriales, agrarios, de organización y racionalización del trabajo, de la fábrica, del campo, de la burocracia, etc. Congresos periódicos de diverso nivel darán a conocer a los más capaces.

Sería útil tener la lista completa de las Academias y de las otras organizaciones culturales hoy existentes y de los temas que más se tratan  en sus trabajos y se publican en sus Actas: en gran parte se trata de cementerios de la cultura, aun así tienen una función en la psicología de la clase dirigente.

La colaboración entre estos organismos y las Universidades debería ser estrecha, así como con todas las escuelas superiores especializadas de todo tipo (militares, navales, …). El objetivo es obtener una centralización y un impulso de la cultura nacional que serían superiores a los de la Iglesia Católica.

(Este esquema de organización del trabajo cultural según los principios generales de la escuela unitaria debería desarrollarse cuidadosamente en todas sus partes y servir de guía para la constitución de todos los centros de cultura, incluso del más elemental y primitivo, que debería concebirse como un embrión y una molécula de toda una estructura más maciza. Incluso las iniciativas que se saben transitorias y experimentales deberían concebirse como capaces de ser absorbidas en el esquema general y, al mismo tiempo, como elementos vitales que tienden a crear todo el esquema […].)

Quaderni del carcere, Turín, Einaudi, 1975, vol. 3, Q. 12, párr. 1, 1530-1538.

Vers. cast.: Cuadernos de la cárcel, México, Era, 1986, vol. 4, C. 12, 366-372.

(la negrita, los titulillos y las notas son del transcriptor, S.M.)


[1] Es decir, “los métodos y las formas” no se deben identificar y poner en práctica a priori, antes de cualquier otra consideración esencial; lo primero es identificar los fines que queremos conseguir con el sistema educativo y con el proceso de instrucción-aprendizaje que le es inherente, y, luego, “encontrar en [esos] fines a alcanzar” “la fuente natural de inspiración para elaborar los métodos y las formas”.

[2] El “conformismo” es el modo de aprendizaje en una primera fase en que el sistema escolar trata de fijar, en la memoria activa de los alumnos, los conceptos esenciales, sobre los cuales se habrán de construir los conocimientos complejos de la escuela “creativa”. No se trataría de un “conformismo” pasivo, sino de uno “dinámico”, capaz de convertirse en el motor básico gracias al cual se pueden generar los conocimientos a partir de los cuales se hace posible la etapa “creativa”.

Antonio Gramsci, La organización de la escuela y de la cultura: la escuela unitaria

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