COMENTARIOS, DESDE ESPAÑA, A LAS CUESTIONES QUE SE PLANTEAN EN EL MOVIMIENTO SOCIAL EUROPEO A PROPÓSITO DE LA PRIVATIZACIÓN Y MERCANTILIZACIÓN DEL SISTEMA EDUCATIVO

 SALUSTIANO MARTÍN

Al menos en España, el proceso de privatización y mercantilización tiene una meta político-ideológica fundamental, y, por eso, debe ser en ese terreno, también, en el que produzcamos una respuesta que sea de verdad comunista.

Las políticas neoliberales en España, sin duda, tienen como primera consecuencia evidente “la creciente privatización del servicio público educativo”; sin embargo, esa privatización esconde debajo una ulterior consecuencia estratégica, que se trata de conseguir como parte del proceso de la lucha de clases en el terreno de la educación. Parece claro que, de hecho, la finalidad última del proceso tiene que ver con la destrucción de una enseñanza pública laica, científica y de rigor, capaz de educar e instruir a fondo en los diversos conocimientos y disciplinas (naturaleza, sociedad, historia, política, literatura,…), que son esenciales para desarrollar la capacidad de reflexión crítica, y la participación social y política (como ciudadanos y como trabajadores), de los hijos de la clase trabajadora.

Se trata de conseguir, por parte de unos poderes públicos sometidos a la línea ideológica neoliberal y al sectarismo católico fundamentalista y ultrarreaccionario (Comunión y Liberación, Legionarios de Cristo, Opus Dei, …) del gobierno, que la enseñanza pública desaparezca como núcleo de defensa de los intereses científicos, políticos, ideológicos y culturales de la clase obrera; que desaparezca como agente de unificación de la clase trabajadora frente a las arbitrariedades y exacciones de los poderes económicos y políticos, fragmentándola en tribus ideológicas (religiosas, étnicas, …), haciéndola incapaz de comprender sus verdaderos intereses y, en fin, empujándola a la sumisa aceptación de cualquier tropelía legislativa patentada para atropellar sus derechos; que desaparezca como agente de formación de unas ciudadanas y ciudadanos que deben participar políticamente en defensa de la mayoría, porque saben en qué mundo viven y entienden cuáles son sus intereses; que desaparezca como ilustración práctica y productora teórica de los conocimientos necesarios para la comprensión seria y rigurosa de lo que la democracia tiene que ser para ser verdaderamente democracia, porque así no habrá ciudadanos que se levanten contra la destrucción o perversión de las instituciones democráticas que están ejecutando, contra la destrucción del espíritu democrático y de las prácticas democráticas que está llevando a cabo el PP desde el gobierno y desde los demás poderes del Estado dependientes de él.

Cuando se habla de “consecuencias muy negativas para los sistemas educativos” no se hace explícito el nivel esencial: el de las consecuencias finales buscadas por la política de destrucción de la autonomía intelectual y práctica de los grupos sociales subalternos.

Hay que ir, pues, más allá del proceso de mercantilización y privatización de los sistemas educativos. ¿Acaso no se está realizando la destrucción de la enseñanza pública con el dinero de todos los ciudadanos del Estado? ¿Acaso no se está fortaleciendo la enseñanza privada (incluida, sobre todo, la más sectaria enseñanza religiosa) con el dinero previamente expropiado a los ciudadanos que cursan sus estudios en la enseñanza pública? Con el dinero de todos se está ejecutando la destrucción de la enseñanza que interesa a la mayoría; con el dinero de todos se está poniendo en pie un sistema educativo que privilegia la educación ideologizada, la educación de los estratos sociales que, en el futuro, habrán de ser los capataces que vigilen el trabajo y supervisen la sumisión de esa mayoría.

Resistir, en este sentido, pasa por denunciar con precisión lo que están haciendo los partidos (y han venido haciendo hasta ahora) y qué pretenden conseguir con ello. Pasa por elaborar una alternativa, desde dentro de lo que pasa en las escuelas e institutos, desde la perspectiva de los intereses de la clase trabajadora en el terreno de la educación. Pasa por denunciar, desde esa alternativa, la destrucción ejecutada en la enseñanza pública (en el aprendizaje de los hijos de la clase trabajadora) por los partidos políticos presuntamente socialistas (dentro de la Unión Europea, por ejemplo), e inducido por las pedagogías blandas y lúdicas, que han propiciado el desinterés por el conocimiento, el relajamiento intelectual, la falta de voluntad y la carencia de disciplina en el estudio. Ha sido la política (pseudo)socialista la que nos ha traído hasta aquí, la que ha construido los cimientos sobre los que están construyendo su política educativa los ultrarreaccionarios de las sectas fundamentalistas, las bases desde las que están realizando su minuciosa destrucción de la enseñanza pública y el logro de la ignorancia, la apatía y la pasividad de la clase trabajadora. La derrota continuada que las fuerzas socialistas vienen sufriendo en las últimas décadas no se puede explicar sino por el vaciamiento de energía intelectual, política y moral que los sucesivos gobiernos (seudo)socialistas han ejecutado con rigor miserable.

Cuanto más abajo en la expropiación económica y cultural, más sufren los alumnos la política de destrucción organizada por los gobiernos neoliberales. Esto no es nuevo, sin embargo: también fueron ellos los que más padecieron la política de destrucción intelectual del sistema educativo programada por los partidos socialdemócratas.

En la actualidad, estamos desmovilizados en este sentido. Hay acciones contra la mercantilización educativa y contra la globalización neoliberal, pero no las hay para incidir en el aspecto esencial de ese proceso: su finalidad última. La lucha debe ser, al mismo tiempo y en no menor medida, contra la política puramente educativa de los gobiernos. Necesitamos actuar contra lo que está pasando, también desde abajo, produciendo una alternativa radical: es decir, que vaya a la raíz de los problemas. Necesitamos una nueva alternativa de izquierda sobre el currículo y sobre el modo de ponerlo en acto en el aula; sobre los derechos y los deberes de los alumnos, y sobre el modo de trabajar, ellos y con ellos, en el aula; etc.

En fin, una alternativa radical que quite del medio la bazofia ideológica que coarta el desarrollo de la política educativa de la izquierda: una nueva filosofía política de la educación elaborada según los verdaderos intereses materiales y culturales de la clase trabajadora en el terreno educativo (en el terreno del conocimiento: de la teoría y de su práctica); que se plantee, pues, de antemano, cuáles son esos intereses, y a que espacio de derrota nos ha traído lo que se ha dicho hasta ahora que eran esos intereses (no el rigor en el aprendizaje del conocimiento, no la autodisciplina intelectual, no la voluntad de aprender y el esfuerzo para conseguirlo). Es la izquierda educativa desde los sucesivos gobiernos (y sus sumisos apoyos dentro del sistema educativo) la que ha cavado su sepultura; es la hora de derribar ese ídolo y de construir una alternativa que se pueda enfrentar a esta destrucción que no parece tener fin, que no lo tendrá si no enmendamos la dirección de nuestros pasos: de nuestra teoría y de nuestra práctica educativas.

(enero 2004)

A propósito de la privatización y mercantilización del sistema educativo

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