DISCIPLINAS ACADÉMICAS FRENTE A CURRÍCULO INTEGRADO

UN DEBATE CON FEDICARIA

 

SALUSTIANO MARTÍN

El 17 de noviembre del 2005 envié a la lista del colectivo Fedicaria (la Federación Icaria de estudios teóricos y propuestas prácticas sobre educación se fundó en 1991) mi artículo “La comprensividad como estratagema (La lucha de clases en la educación)”. En ese artículo, entre otras cosas, se decía que los hijos de los trabajadores debían aspirar al conocimiento de todos los conocimientos académicos a los que tienen acceso los hijos de la burguesía y debían negarse a ser educados en el juego y el entretenimiento. La respuesta a ese trabajo por parte de Javier Merchán, miembro destacado de la Federación, indicaba que los miembros de Fedicaria habían superado ya esa cuestión: “no es correcto el dilema  que nos plantea, es decir, no hay que optar entre la comprensividad para el “entretenimiento” (creo que en esto tiene buena parte de razón) de las clases populares y las disciplinas académicas. Nuestra propuesta del estudio de problemas sociales supera esta dicotomía”. El “estudio de problemas sociales” que mencionaba parecía transitar en la senda de lo que se suele llamar “currículo integrado”. Como me parece que el debate tiene algún interés desde el punto de vista del currículo y la pedagogía, a continuación transcribo mi respuesta (escrita el 21 de noviembre y que no tuvo contestación) al correo de Merchán.

“Queridas amigas y amigos fedicarianos,

Javier Merchán pasa el debate sobre la “comprensividad” [que planteaba mi artículo] al debate sobre las “disciplinas académicas”. Parece que en Fedicaria se ha superado la “dicotomía” “entretenimiento para las clases populares” vs. “disciplinas académicas” con la “propuesta del estudio de problemas sociales”. No entiendo en qué consiste la superación, si en una especie de síntesis dialéctica a partir de una tesis (que sería el entretenimiento) y de una antítesis (que serían las disciplinas académicas).

Deduzco, en cualquier caso, que tenéis algún problema con el término “disciplinas académicas”, pero no sé cuál puede ser. Espero que no sea con su significado, si es que entiendo su significado.

Una “disciplina académica” es un campo de conocimiento, y su enseñanza en un nivel determinado puede hacer posible, dado su aprendizaje, el paso al siguiente nivel de extensión y profundización. Si lo que se pretende es impedir el paso a esos conocimientos de los escolares de primaria o secundaria, eso, francamente, me parecería muy rechazable.

Todo campo de conocimiento genera sus propios métodos de investigación, sus propios paradigmas, sus propios instrumentos de aprendizaje. Aunque cambien los unos, los otros o lo de más allá, el campo de conocimiento sigue existiendo. Si hubiera una revolución de algún tipo (un cambio de paradigma, por ejemplo) en ese campo de conocimiento, éste se transformaría; incluso si esa transformación fuera tan radical que el propio campo mutara a otro campo distinto (es decir, identificado con otro nombre: por ejemplo, de la astrología a la astronomía), lo cierto es que seguiría habiendo un campo de conocimiento que aprender. Porque, según parece, todo campo de conocimiento tiene su propia sistemática, sus propios paradigmas conceptuales, sus propios hallazgos cognitivos.

Que en las disciplinas más propicias a la existencia de diversos puntos de vista ideológicos (o científicos) se haga posible la existencia de contenidos disciplinares no enteramente solapables, no quiere decir que dejen de existir como campos de conocimiento. Eso, sin duda, sucede con la literatura, con la geografía o con la historia. Las disciplinas de la naturaleza (física, química, biología, …) podrán enseñarse según perspectivas relativamente diferentes, pero el campo de conocimiento llamado “física” o “biología” seguirá existiendo. Lo mismo sucede con la filosofía, sea lo que sea lo que se entienda por ella. La lucha ideológica tiene que ver, entre otras cosas, con la identificación de lo que es o deja de ser una disciplina concreta, pero la disciplina se puede enseñar en cualquier caso. La enseñanza de la geografía se puede contemplar desde el punto de vista de la lucha de clases o desde el punto de vista feminista, pero sigue llamándose (y siendo) geografía (una disciplina académica), y no puedo entender la razón para prescindir de ella en su enseñanza cuando sigue existiendo fuera de las aulas, en la vida real de los que se dedican a su estudio.

Así, pues, el asunto del “currículo integrado” (o “el estudio de los problemas sociales”) no se encuentra fuera de los campos de conocimiento que constituyen las disciplinas académicas. Los alumnos deben saber los conocimientos que los harán capaces de avanzar en sus estudios y en su capacidad de reflexión, en su conocimiento del mundo natural y del mundo social, en su capacidad para preservar el primero y cambiar el segundo. Lo mejor para eso es que los aprendan sistemáticamente, que aprendan los paradigmas de las diferentes disciplinas académicas, y que aprendan a relacionar todo ese bagaje de conocimientos. ¿Acaso se pretende otra cosa con el asunto de “los problemas sociales” o con el “curriculo integrado”?

Si se les da a los alumnos (para su consideración y aprendizaje) “un problema social”, en que se interrelacionan diversas fuentes de conocimiento (diversas disciplinas académicas), tendrán que aceptar que ese problema es el que es, se origina en tal o cual constelación de causas, y se puede resolver o no de tal o cual manera; y lo tendrán que aceptar sin más, pero no estarán en situación de discutirlo o de situarlo en sus coordenadas conceptuales, porque no poseerán seguramente el conocimiento de los paradigmas de las disciplinas de que procede el complejo problemático en cuestión.

Creo que más bien hay que enseñarles a relacionar (hechos, problemas y conceptos) sobre la base de su propio aprendizaje de la disciplinas. Si ellos no conocen los espacios de conocimiento que entran en relación, difícilmente podrán pensar en sus relaciones con alguna autonomía. Si les damos hechas las relaciones en forma de fragmentos de conocimiento (que no han asumido previamente) relacionados, nada podrán hacer personalmente, salvo que rehagan todo el camino ellos solos, y por su cuenta, fuera del entorno escolar: desde los paradigmas de conocimiento de cada asignatura. En ese caso, sería como si se quisiera entregarles los peces en la mano, en lugar de enseñarles a pescar; darles hecha la relación en lugar de enseñarles a relacionar. Por lo demás, siempre tendrían un conocimiento fragmentario de las disciplinas: fragmentos de conocimientos lingüísticos, de conocimientos geográficos, de conocimientos históricos, filosóficos, literarios, … En eso están, en cualquier caso.

Por lo demas, mi idea es que es preciso conseguir que los alumnos dominen el panorama de cada disciplina sistemáticamente; en cada nivel escolar, teniendo en cuenta cierta extensión y cierta profundización, pero sin falsear los conceptos, los hechos o los problemas a base de simplificarlos. Cada profesora o profesor tendría que tener el criterio de trazar puntos de fuga hacia otras disciplinas (que necesariamente deberían existir en el currículo del alumno), de modo que el alumno tuviera claro que existe un entrelazado de causas y de efectos, de orígenes y de desarrollos, de hechos y de conceptos. Pero sería el alumno el que, con sus buenos conocimientos de las disciplinas académicas, establecería finalmente las relaciones en el seno de los problemas sociales que le fueran asaltando fuera del aula o en sus lecturas. En fin, sin la base disciplinar adecuada me parece difícil que nadie pueda establecer ningún tipo de relación que tenga que ver con conocimientos procedentes de la disciplina en cuestión.

Esto quería decir aquí y ahora, a bote pronto, a Javier Merchán y a mis amigos de Fedicaria. Por favor, no me lo toméis a mal.

Cuidaos.

Un abrazo.”

Lo que dije entonces lo sigo pensando ahora. En todo caso, sería bueno que consideráramos la cuestión de nuevo: para desarrollar la reflexión, para profundizar en las razones, para identificar las consecuencias de ambas posiciones curriculares y pedagógicas y, en fin, para elaborar una alternativa compleja a la educación actual (tanto a la de orientación neoliberal, como a la autoritaria más tradicional o a la pesudoprogresista) y al discurso curricular-pedagógico dominante en la izquierda realmente inexistente.

Disciplinas académicas frente a currículo integrado

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