LA EXPERIENCIA DIDÁCTICA Y LA EDUCACIÓN EN EL SENO DE LA FAMILIA

[Cartas a los familiares. 1. Sobre los sobrinos]

 

ANTONIO GRAMSCI

[En las cartas a sus familiares sobre la educación de sus sobrinos, Gramsci se manifiesta, desde muy temprano, netamente antirrousseauniano (es decir, contrario al espontaneísmo, al libertarismo y al innatismo), y propugna un voluntarismo cauto pero decidido, que exige la intervención positiva y el desarrollo sistemático de una conformación y un dogmatismo activos.]

[Sobre Edmea: decirle la verdad, aunque sea dura, para fortalecer su carácter frente a la adversidad]

Carta nº 22.

26 febrero 1927

Queridísima mamá […] A veces pienso en todas estas cosas y me alegro de recordar los hechos y las escenas de la infancia: encuentro en ella muchos dolores y muchos sufrimientos, es verdad, pero también algunas cosas alegres y bellas. Y además allí estás siempre tú, querida mamá, y tus manos siempre afanadas por nosotros, por aliviarnos las penas y por encontrar alguna utilidad a cada cosa. […] Mira: cuando pienso en todo esto, pienso también que Edmea no tendrá, de mayor, estos recuerdos, y que eso influirá mucho sobre su carácter, determinando en ella una cierta blandura y un cierto sentimentalismo, que no son muy recomendables en este tiempo de hierro y de fuego en el que vivimos. Puesto que también Edmea deberá abrirse camino por sí misma, hay que pensar en reforzarla moralmente, en impedir que vaya creciendo rodeada sólo por los elementos de la vida fosilizada del pueblo. Pienso que vosotros debéis explicarle, con mucho tacto naturalmente, por qué Nannaro no se ocupa demasiado de ella y parece que la desatiende. Debéis explicarle cómo su padre hoy no puede volver del extranjero y cómo eso se debe al hecho de que Nannaro, como yo y muchos otros, hemos pensado que las muchas Edmeas que viven en este mundo deberían tener una infancia mejor que la que nosotros vivimos y ella misma vive. Y debéis decirle, sin ningún subterfugio, que yo estoy en prisión, así como su padre está en el extranjero. Debéis tener en cuenta, ciertamente, su edad y su temperamento, y evitar que la pobrecita se aflija demasiado, pero debéis también decirle la verdad y, así, acumular en ella recuerdos de fuerza, de coraje, de resistencia a los dolores y a las adversidades de la vida. […]

[El ejemplo negativo de Edmea. La educación de Franco y Delio. Elogio del aprendizaje de la lengua propia de la región y de las demás lenguas]

Carta nº 27.

26 marzo 1927

Querida Teresina […] Franco me parece muy despierto e inteligente: supongo que habla ya fluidamente. ¿En qué lengua habla? Espero que lo dejéis hablar en sardo y no le déis disgustos en ese sentido. Ha sido un error, me parece, no haber dejado que Edmea, de pequeñita, hablara libremente en sardo. Esto ha dañado su formación intelectual y ha puesto una camisa de fuerza a su fantasía. No debes cometer este error con tus hijos. En realidad, el sardo no es un dialecto, sino una lengua en sí mismo, aunque no tenga una gran literatura, y está bien que los niños aprendan varias lenguas, si es posible. Además, el italiano que le enseñaréis vosotros será una lengua pobre, manca, hecha sólo de las pocas frases y palabras de vuestras conversaciones con él, puramente infantiles; no tendrá contacto con el ambiente general y acabará por aprender dos jergas y ninguna lengua: una jerga italiana para la conversación oficial con vosotros y una jerga sarda, aprendida a trancas y barrancas, para hablar con los demás niños y con la gente que se encuentra por la calle o en la plaza. Te recomiendo de corazón que no cometas ese error, y que dejes que tus hijos absorban todo el sardismo que quieran y se desarrollen espontáneamente en el ambiente natural en que han nacido: esto no será un estorbo para su porvenir, sino todo lo contrario […].

Mira, por ejemplo, a Delio: ha empezado hablando la lengua de su madre, como era natural y necesario, pero rápidamente ha ido aprendiendo también el italiano, y cantaba además cancioncillas en francés, sin por eso confundirse o confundir las palabras de una y otra lengua. […] Delio cumplía precisamente entonces dos años, pero estaba ya muy desarrollado intelectualmente. Cantaba con mucho vigor una canción: “Abajo los frailes, abajo los curas”; luego cantaba en italiano: “Mi sol está enfrente de ti”, y una cancioncilla francesa, donde se hablaba de un molino. […]

 [Edmea: la educación del carácter y de la moralidad práctica empieza desde la primera infancia]

Carta nº 39.

27 junio 1927

Queridísima mamá, […] La fotografía de Mea no me agrada. ¿Sabes en qué pensaba? Que el escudo de plata que había enviado para hacerle una cucharita, tú lo has conservado y se lo has puesto en la hucha o en la caja postal. Me parece ver en la cara de esta niña los rasgos potenciales de una beata que da el dinero en préstamo al 40 por ciento de interés. Me parece que todos juntos, tú, Grazietta y Teresina, habéis echado a perder a Edmea. No olvidaré nunca que la primera vez que Mea fue conmigo de paseo, habiéndole preguntado si quería unas chocolatinas, me contestó que le diera el dinero, que ella lo pondría en la caja postal. ¿Te parece ésta una buena manera de educar a los niños? Yo me pregunto: ¿por qué una joven educada así va a sentir repugnancia a prostituirse, si le habéis enseñado que el dinero vale por sí mismo y no por los servicios que puede procurar? Yo deseo justamente que Mea tenga una cucharita y no un escudo; debes escribirme si has hecho eso.

[La educación del carácter de Edmea: aprovecharse de la ignorancia de los niños para malmeterlos contra alguien es muy peligroso para su futura vida moral]

Carta nº 128.

8 octubre 1928

Queridísimo Carlo, […] Quisiera hacerle ver a mamá que me parece que disfruta demasiado cuando me escribe que Edmea hace reproches a su madre porque se ha casado. ¿No tiene eso nada que ver con la sugestión de lo que oye decir a su alrededor? La situación para vosotros es difícil y embarazosa, lo comprendo, especialmente ahora que la niña ha crecido. ¿Pero no os parece que está mal poner, o contribuir a poner, a una niñita contra su madre? Y creéis que cuando Edmea se haga mayor y pueda verdaderamente comprender y juzgar, no podrá guardaros rencor a vosotros por haberselo hecho creer o por no haber tratado de impedir que nacieran en ella sentimientos tan enfermizos. A mí me parece que su madre ha hecho muy bien en casarse. Me consta que es una buena mujer que siempre ha trabajado y que ha sido tratada muy mal por Nannaro, no porque no haya querido casarse con ella, se entiende, sino por otras cosas muy feas. ¿No creéis que un día Edmea va a poder llegar a saber muchas cosas y va a sentir que hoy se han falsificado sus sentimientos? Escribo esto porque yo mismo he sufrido de niño por haber juzgado mal y algunos de estos sufrimientos han dejado una cicatriz en mi conciencia. […]

[La educación de Edmea y sus problemas con la ortografía. Elogio de la diligencia y del trabajo metódico y disciplinado]

Carta nº 135.

31 diciembre 1928

Queridísimo Carlo, […] Besa mucho a Edmea de mi parte y […] dale las gracias por sus expresiones muy gentiles y muy bien dichas. Pero me parece que, aunque compone bastante bien y sabe poner en frases espontáneas y vivas sus sentimientos, comete un número de penosas faltas de ortografía demasiado grande incluso para una escolar que está apenas en tercero. Debe ser poco atenta y siempre con mucha prisa: pienso que, incluso, al hablar parecerá algunas veces un torbellino y se comerá la mitad de las palabras, tragándose la erre con particular gusto. Es necesario estar atentos para obligarla a hacer los deberes con diligencia y con mucha disciplina. En las escuelas sardas de aldea sucede que una niña, o un niño, que en casa ha sido acostumbrado a hablar el italiano (aunque poco y mal), por este mero hecho se encuentra que es superior a sus condiscípulos, que conocen sólo el sardo y, por consiguiente, aprenden a leer y a escribir, a hablar, a componer en una lengua completamente nueva. Los primeros parece que sean más inteligentes y despiertos, aunque a veces no es así, y por eso en la familia y en la escuela se desatiende el habituarlos al trabajo metódico y disciplinado, pensando que con su “inteligencia” superarán todas las dificultades, etc. Ahora bien, la ortografía es precisamente el puente de asno de esa inteligencia. Si Mea no estudia bien y no se corrige de esta deficiencia, ¿qué se podrá pensar de ella? Se pensará que se trata de una de esas niñas que llevan lazos en el pelo, los vestiditos bien planchados, etc., y luego llevan las braguitas sucias. Díselo con cierto tacto, para no causarle demasiado disgusto. Su figurita no me gusta en absoluto: no hay ni pizca de espontaneidad ni de gusto. Sin embargo, estaría muy bien que aprendiera un poco de dibujo. […]

[Edmea y su ‘retraso’. Elogio del trabajo con disciplina: menos consentir y más obligar a disciplinarse]

Carta nº 195.

28 julio 1930

Queridísima máma, […] Mea está muy crecida, pero sigue siendo todavía muy… torpe. Nannaro, por lo que le habíais escrito, había creído que su hija debía de ser quién sabe qué monstruo de sabiduría y genialidad. Por eso ha pasado al extremo opuesto y ha olvidado que la niña tiene todavía sólo 9 o 10 años. Pero algo de razón sí tiene, especialmente cuando observa que nosotros a esa edad éramos más maduros y [estábamos] más desarrollados intelectualmente. Esto me sorprende incluso a mí. Me parece que Mea es demasiado pueril para su edad, incluso para su edad; que no tiene otras ambiciones que las de quedar bien en apariencia y que carece de vida interior; que no tiene necesidades sentimentales que no sean más bien animalescas (vanidad, etc.). Quizás vosotros la habéis consentido demasiado y no la habéis obligado a disciplinarse. Es verdad que tampoco yo o Nannaro, o los demás, hemos sido obligados a disciplinarnos, pero lo hemos hecho por nosotros mismos. Recuerdo que a la edad de Mea me habría muerto de vergüenza si hubiera cometido tantas faltas de ortografía; te acuerdas de cómo leía yo hasta muy tarde y a cuántos subterfugios recurría para procurarme los libros. Y también Teresina era así, aunque fuese también ella una niña como Mea y fuese ciertamente también más graciosa físicamente. Me gustaría saber qué ha leído Mea hasta ahora: me parece, por lo que escribe, que no debe leer otra cosa que los libros de la escuela. En suma, debéis tratar de habituarla a trabajar con disciplina y a restringir un poco su vida “mundana”: menos éxitos de vanidad y más seriedad en lo sustancial. Procura que Mea me escriba y dile que me cuente su vida, etc. […]

[Edmea y sus problemas de aprendizaje y educación. Los adultos necesitan educar a los niños positivamente, para impedir que el ambiente retardatario malforme su carácter y sus intereses]

Carta nº 198.

25 agosto 1930

Queridísimo Carlo, […] Por lo que se refiere a Mea, me parece que no tienes razón. Puesto que el asunto es importante y puede decidir por completo el porvenir de la muchacha, te expreso de nuevo algunas observaciones propias. He tenido en cuenta el ambiente en que ella vive, naturalmente, pero el ambiente no justifica nada: me parece que toda nuestra vida es una lucha para adaptarnos al ambiente, pero también, y especialmente, para dominarlo y no dejarnos aplastar por él. El ambiente de Mea sois en primer lugar vosotros, después sus amigos, la escuela, y después todo el pueblo con sus Cozzoncu, con sus tías Tana y Zuanna Culemantigu, etc., etc.. ¿De qué secciones de este ambiente recibirá Mea los impulsos para sus costumbres, sus modos de pensar, sus juicios morales? Si vosotros renunciáis a intervenir y a guiarla, haciendo uso de la autoridad que procede del afecto y de la convivencia familiar, haciendo presión sobre ella, de un modo afectuoso y cariñoso, pero no obstante rígido e inflexiblemente firme, sucederá, sin ninguna duda, que la formación espiritual de Mea será el resultado mecánico del influjo casual de todos los estímulos de este ambiente: es decir, a la educación de Mea contribuirá la tía Tana y Cozzoncu, el tío Salomone y el tío Juanni Bobbai, etc. (cito estos nombres como símbolos, porque imagino que, si estos tipos han muerto, existirán otros equivalentes). Un error que se comete con frecuencia al ir educando a los muchachos me parece que es éste (puedes pensar en ti mismo y luego juzgar si tengo razón): no se distingue que en la vida de los muchachos hay dos fases muy distintas: antes y después de la pubertad. Antes de la pubertad, la personalidad del chico no se ha formado todavía y es más fácil dirigir su vida y hacerle adquirir determinados hábitos de orden, de disciplina, de trabajo: después de la pubertad, la personalidad se forma de modo impetuoso y toda intervención ajena se hace odiosa, tiránica, insoportable. Pues, bien, sucede justamente que los padres sienten la responsabilidad de los hijos precisamente en este segundo período, cuando es tarde: entonces, naturalmente, entra en escena el palo y la violencia, que, al fin, dan bien pocos frutos. ¿Por qué no ocuparse del muchacho, por el contrario, en el primer período? Parece poco, pero el hábito de estar sentados a la mesa de 5 a 8 horas al día es una cosa importante que se puede hacer adquirir por las buenas hasta los 14 años, pero que, después, ya no se puede conseguir. Para las mujeres me parece que sucede lo mismo, y quizá peor, porque [en ellas] la pubertad es una crisis más grave y compleja que en los hombres: con la vida moderna y la relativa libertad de las muchachas, la cuestión se ha agravado todavía más. Tengo la impresión de que las generaciones adultas han renunciado a educar a las generaciones jóvenes, y que éstas cometen el mismo error; el clamoroso fracaso de las viejas generaciones se reproduce, tal cual, en la generación que ahora parece dominar. Piensa un poco en lo que he escrito y reflexiona si no es necesario educar a los educadores.

[Tener fantasía, tener algo que decir, dar expresión a las propias ideas, ser fanáticos de la lectura y la escritura. Deber de los mayores de guiar a los niños y no dejarlos abandonados a sí mismos y a un ambiente perjudicial]

Carta nº 208.

17 noviembre 1930

Queridísima Teresina, […] Tú, justamente, deberías decidirte a escribirme más a menudo y darme en especial muchas noticias de tus hijos. Eso me interesa bastante. La alusión que haces a Franco, que escribe “largas carta a su modo” que os divierten, me agrada: quiere decir que tiene fantasía, que tiene algo que decir y que se esfuerza por dar una expresión a lo que se arremolina en su cabeza. Quién sabe si se parecerá a nosotros dos: ¿te acuerdas cómo éramos fanáticos de la lectura y la escritura? Me parece que incluso tú, no teniendo más libros nuevos, te leíste todos los Códigos. En cambio, Mimí no me parece muy fantasiosa: tiene la expresión asombrada de quien tiene demasiado que hacer para admirar el mundo como para que le quede tiempo de cavilar por cuenta propia. […]

[…] Vence la desgana, no te dejes derrotar por el ambiente monótono de tu oficina y de quienes la frecuentan, y por sus charlas sosas y aburridas. Debes volver a ser vivaz como antes (no en el sentido físico, que vivaz en ese sentido no lo has sido nunca, me parece, sino en el sentido intelectual) para poder guiar bien a los niños fuera de la escuela y no dejarlos abandonados a sí mismos, como demasiado a menudo sucede, especialmente en las familias así llamadas “de bien”.

[La vergüenza de las faltas de ortografía de Edmea: como las ranas, sabe gritar, pero no sabe ni pensar ni reflexionar]

Carta nº 213.

29 diciembre 1930

Queridísima Grazietta, recibí tu carta con la nota de Mea. […] Dale las gracias a Mea por su nota, me ha gustado que me haya escrito, pero me ha disgustado que escriba todavía como una escolar de tercero de primaria (y debe de estar en quinto, si no me equivoco). Es una verdadera vergüenza, porque nuestra familia en las escuelas de Ghilarza tenía una cierta fama; esa Mea realmente debe de haber nacido en Pirri y su cuna siempre debe de haber estado aturdida por las ranas de los estanques, que la han hecho convertirse en cerebro de ranita también a ella: sabe gritar, pero no sabe pensar ni reflexionar. Tírale un poco de las orejas de mi parte y dile que debe escribirme más, de vez en cuando, para hacerme ver que ha mejorado en la ortografía. […]

[Elogio de la fuerza de voluntad, de la constancia en los propósitos, y del amor a la disciplina y al trabajo. De la situación de Edmea son culpables los adultos: ellos son los que deben ser educados]

Carta nº 229.

4 mayo 1931

Queridísima Teresina, he recibido tu carta del 28 de abril. Creo que tú y Grazietta os habéis equivocado completamente sobre el significado de mis observaciones a propósito de Mea. En primer lugar, yo he conocido a Mea sólo en 1924, cuando tenía pocos años y no estoy seguro como para juzgar sus cualidades y la solidez de esas cualidades. En segundo lugar, y en general, yo evito siempre valorar a cualquiera fundándome en lo que suele llamarse “inteligencia”, “bondad natural”, “prontitud de ingenio”, etc., porque sé que tales valoraciones tienen muy poca importancia y son engañosas. Más que todas estas cosas me parece importante la “fuerza de voluntad”, el amor a la disciplina y al trabajo, la constancia en los propósitos, y en este juicio tengo en cuenta, más que al niño, a los que lo orientan y que tienen el deber de hacerle adquirir tales hábitos, sin mortificar su espontaneidad. La opinión que me he formado, a partir de las palabras de Nannaro y de Carlo, es precisamente ésta: que, en relación con Mea, todos vosotros descuidáis el estimular la adquisición de estas cualidades sólidas y fundamentales para su porvenir, sin pensar que más tarde esta tarea será más difícil y acaso imposible. Me parece que olvidáis que hoy en nuestro país a las actividades femeninas se les han puesto condiciones muy desfavorables ya desde las escuelas primarias, como, por ejemplo, la exclusión de las jovencitas de muchas becas, etc., por lo que es necesario, en la competencia, que las mujeres tengan cualidades superiores a las exigidas a los hombres, y una mayor dosis de tenacidad y perseverancia. Es evidente que mis observaciones iban dirigidas, no a Mea, sino a quien la educa y dirige; en este caso más que en ningún otro, me parece que es el educador quien debe ser educado.

He leído con interés la carta a Ali Camun [personaje imaginado por Edmea] que me ha enviado; me ha gustado constatar que no hay faltas de ortografía. Por lo demás, no me parece gran cosa: es una colección de lugares comunes, y no he encontrado absolutamente nada que sea infantil, ingenuo, más allá de la ausencia de lógica y de la abundancia de contradicciones [Edmea tenía en ese momento once años]. Que sea gloriosa la historia de una región que siempre ha pertenecido a muchos dominadores y que no ha tenido nunca una historia propia, no lo decía ni siquiera el maestro caballero Pietro Sotgiu […]

[La escuela de orientación profesional. Edmea, con buena voluntad y ambición, y estudiando por su cuenta, se debe preparar para conseguir hacer después una carrera escolar mejor y más brillante]

Carta nº 282.

1 febrero 1932

Queridísima mamá, […] No sé cómo está organizada la escuela de orientación [profesional] de Guilarza ni cuáles son exactamente las materias de estudio para todo el curso (1). He leído en el Corriere della Sera la discusión desarrollada en el Parlamento a propósito de este tipo de escuela, pero los asuntos tratados eran demasiado genéricos y vagos para hacerse con ideas precisas. Lo único importante que se podía deducir de ella era que la escuela de orientación no es final en sí misma, sino que deja la posibilidad de una carrera escolar posterior; por tanto, tampoco para Mea se ha dicho la última palabra y éstos no serán años completamente perdidos. Lo que me parece esencial en su caso, y que debe serviros a todos vosotros en la conducta que tendréis que seguir en vuestras relaciones con ella, es la necesidad de hacerle sentir que depende de ella y de su voluntad el que sepa emplear este tiempo para estudiar por su cuenta, más allá de los progranas de la escuela, para estar en situación, si las condiciones cambian, de dar un salto adelante y emprender una carrera escolar más brillante. Todo consiste en que ella tenga buena voluntad y ambición, en el sentido noble de la palabra. Por lo demás, no se hundirá el mundo si ella acaba su vida en Ghilarza, haciendo calceta, por no haber querido intentar llevar a cabo algo mejor y más brillante. No sé si ella está inscrita entre las jóvenes italianas. Pienso que sí, aunque no me habéis escrito nunca sobre ello, e imagino que ella sí tiene ambición para estas cosas de la pompa. Así seguirá la suerte de las demás jóvenes italianas, la de convertirse en buenas madres de familia, como se dice, si es que encuentran al imbécil que se case con ellas, lo que no es seguro, porque los imbéciles quieren como mujeres a las gallinas, pero gallinas con guarnición de tierras al sol y de ahorros en la caja postal. […]

[(1) En su continuo interés por los estudios de sus sobrinos (y, sobre todo, por Edmea) Gramsci ha indagado para obtener más informaciones sobre la “Escuela de Orientación Profesional”. Así, en la carta [nº 291] a su madre del 14 de marzo: “Querría conocer con exactitud el programa escolar de la clase que frecuenta Mea; si es posible además […] querría tener la copia del programa para los tres años de la escuela de orientación”. El 4 de abril (carta nº 246) escribe de nuevo a su madre: “Las noticias que Mea me ha enviado sobre la escuela de orientación son demasiado escasas. Querría saber más: algo sobre los libros de texto, sobre las redacciones de italiano, sobre el contenido del programa, sobre los horarios, etc.”.]

[El primer examen es algo muy importante en la vida; ahora se puede decir que Franco ha entrado en la sociedad de los hombres, se ha convertido en un ciudadano]

Carta nº 312.

19 junio 1932

Queridísima mamá, he recibido las dos cartas de Grazietta y de Mea del 15 y felicito de veras a Franco y Mea por el brillante resultado de sus exámenes. Espero la carta de Franco con mucho interés; espero que me quiera explicar cómo le gusta estudiar después del primer año de escuela ahora cumplido. El primer examen es una cosa muy importante en la vida; ahora se puede decir que Franco ha entrado en la sociedad de los hombres, se ha convertido en un ciudadano, porque ha tratado de demostrar lo que vale para su edad a otros hombres, y éstos lo han juzgado y han afirmado que está bien. Es algo mucho más importante que la primera comunión, me parece. Por eso, espero que Mea me dé también sus explicaciones. […]

[Gramsci retoma el tema del empeño que es necesario para superar las condiciones ambientales desfavorables, y quiere que la hermana informe a Edmea acerca de su experiencia en la cárcel para estimular su interés por el estudio]

Carta nº 383.

3 abril 1933

Queridísima Teresina, […] No creas que yo he perdido, ni siquiera por un momento, una pizca de mi serenidad, como tú dices. Todo lo más, cuando me siento físicamente débil, pierdo las ganas de ocuparme de cualquier cosa que sea ajena a mi preciosa persona física; sucede como cuando se debe hacer un gran esfuerzo para levantar un cierto peso, que se aprietan los labios y no se habla para concentrarse enteramente en el trabajo inmediato. Todos más o menos, por un tiempo más o menos largo, se han encontrado en condiciones semejantes o se encontrarán. Me parece que debes explicar este concepto a Mea para que no pierda el coraje y continúe estudiando de todos los modos posibles; puestos en lo peor, podrá perder algún año, como tiempo material en una cierta carrera escolar, pero no lo perderá del todo si mejora cada día su cultura, su preparación general, si amplia el horizonte de sus conocimientos y de sus intereses intelectuales. A decir verdad, ya no alcanzo a reconstruir cuál sea ahora su estudio escolar, porque desde hace mucho tiempo nadie me ha escrito sobre este asunto. […]

[Fragmentos extraídos de: Antonio Gramsci, Lettere dal carcere, ed. de Antonio A. Santucci, Palermo, Sellerio, 1996, 2 vols., 888 pp. La numeración de las cartas es la de esa edición. Traducción de Salustiano Martín] [Los encabezados en negrita de cada carta son del traductor]

Antonio Gramsci, La experiencia didáctica y la educación en el seno de la familia. 1

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