Un currículo oficial que contemple las conexiones

Luis Fernández García

Las normas estatales o autonómicas que desarrollan el currículo lo hacen siempre contemplando objetivos generales de cada etapa y concretando para cada asignatura,(a menudo de manera insuficiente) los contenidos, que se entiende mínimos, y los criterios de evaluación, que pueden verse en la mayoría de los casos como otra enumeración de contenidos.

Si damos por buena la idea de que nada condiciona tanto lo que los alumnos pueden aprender como lo que saben de antemano, deberíamos introducir un par de modificaciones en la forma en que se elabora, aprueba y publica el currículo oficial.

1º En cada asignatura se especificará lo que se necesita que el alumno sepa de antes para abordar con posibilidades de éxito la nueva tarea. Puede hacerse en forma de un repertorio de contenidos previos, o mejor indicarse en cada punto, justificando la necesidad en cada caso,  y especificando en qué curso y materia se han impartido esos saberes o construido esas habilidades.

De la misma manera, de cada contenido programado se indicará qué aprendizajes futuros le son dependientes, en qué materia y curso. Además, se mencionarán aquellos aspectos de los objetivos generales de etapa  a cuyo cumplimiento se quiere contribuir con ese contenido.

La ideología pedagógica acientífica que domina entre los sectores mejor intencionados trata en la práctica como irrelevante la preparación previa de los alumnos, su bagaje de conocimientos, y muy especialmente su dominio de los recursos básicos de la cultura, clasificándolos de manera casi exclusiva por su año de nacimiento.

2º Aunque los contenidos se concreten y se justifiquen por separado para cada materia y curso, las asignaturas no podrán verse ya como un conjunto de compartimentos más o menos estancos. La dependencia debe concretarse en cada una no sólo con las que la preceden y la siguen dentro de la misma área, sino también con respecto a las otras áreas, en el mismo o en distinto curso, y con respecto a los objetivos generales de cada etapa o ciclo escolar. De esta manera el currículo oficial debe consistir en un todo articulado, donde se eviten duplicaciones entre asignaturas y repeticiones en el tiempo, que sólo a veces se justifican por una diferente perspectiva o un tratamiento más rico.

La idea de la que partimos es la de unidad del conocimiento. El profesor debe estar al tanto de lo que sus alumnos estudian, han estudiado o deben estudiar en áreas distintas de la suya, y tenerlo en cuenta en el tratamiento de su materia; y trabajar más conscientemente por el cumplimiento de objetivos formativos generales —como la lectura comprensiva, o la capacidad de examinar críticamente— cada uno en su momento.

Se critica a los modelos de enseñanza sistemática organizada en disciplinas —a mi juicio los únicos capaces de armar una cabeza autónoma— por transmitir el conocimiento de una manera fragmentaria, donde el sujeto no descubre las relaciones entre los distintos saberes, por un lado, y entre lo que estudia y su experiencia vital, por otro. Ésta es sin duda su principal debilidad, y el que proponemos un primer corrector de al menos el primero de esos dos aspectos; un mecanismo situado además en el nivel organizativo, que es el plano en el que las acciones logran mayores resultados prácticos; y desde luego no el único mecanismo posible.

Un currículo oficial que contemple las conexiones

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