POR UNA ASOCIACIÓN DE CULTURA

 

ANTONIO GRAMSCI

Avanti!, ediz. piemontese, XXI, 350, 18 diciembre 1917

[Personalmente, y también en nombre de muchos otros, apruebo la propuesta del compañero Pellegrino para la creación de una Asociación de cultura entre los compañeros turineses y no turineses residentes aquí.

Creo que, no obstante el momento poco favorable, esa asociación puede realizarse muy bien. Son muchos los compañeros que por inmadurez de convicciones, y por impaciencia de la obra pequeña que es necesario desarrollar, se han alejado de las organizaciones para dejarse arrastrar a las diversiones. En la Asociación encontrarían una satisfacción a sus necesidades instintivas, encontrarían un lugar de descanso y de instrucción que, de nuevo, los aficionaría al movimiento político, a nuestro ideal.

Y gracias a esta inciativa, a la cual todos los compañeros querrían dar su apoyo, podría tener también una solución el problema de los compañeros inscritos en las Secciones lejanas, nunca resuelto precisamente por la dificultad de encontrar un campo de interés común en el cual desarrollar una actividad.

Bartolomeo Botto]

El Avanti! Turinés ha acogido con simpatía la propuesta de Pellegrino y las adhesiones que ésta ha suscitado. Botto en su carta presenta rasgos de gran interés, que creemos oportuno desarrollar y presentar ordenados a la atención de los compañeros.

En Turín no hay ninguna organización de cultura popular. De la Universidad Popular es mejor no hablar: nunca ha estado viva, nunca ha tenido una función que respondiera a una necesidad. Es de origen burgués, y responde a un criterio vago y confuso de humanitarismo espiritual: tiene la misma eficacia que las instituciones de beneficencia, que creen satisfacer con un plato de sopa las necesidades fisiológicas de los desgraciados que no pueden quitarse el hambre y mueven a piedad el tierno corazón de sus señores.

La Asociación de cultura, tal como los socialistas la deberían promover, debe tener objetivos de clase y límites de clase. Debe ser una institución proletaria, con caracteres finalistas. El proletariado, en un cierto momento de su desarrollo y de su historia, se da cuenta de que la complejidad de su vida carece de un órgano necesario, y se lo crea, con sus fuerzas, con su buena voluntad, para sus fines.

En Turín, el proletariado ha alcanzado un punto de desarrollo que es de los más altos, si no el más alto, de Italia. La Sección socialista ha alcanzado, en la actividad política, una individualidad de clase muy meritoria; las organizaciones económicas son fuertes; en la cooperación se ha conseguido crear una institución potente como la Alianza Cooperativa. Por tanto, se comprende que en Turín haya nacido y se sienta más la necesidad de integrar la actividad política y económica con un órgano de actividad cultural. La necesidad de esa integración nacerá y se impondrá también en las otras partes de Italia. Y el movimiento proletario, con ello, ganará en unidad y en energía de conquista.

Una de las más graves lagunas de nuestra actividad es ésta: nosotros esperamos la actualidad para discutir los problemas y para fijar las directrices de nuestra acción. Constreñidos por la urgencia, damos a los problemas soluciones apresuradas, en el sentido de que no todos los que participan en el movimiento conocen cabalmente los términos exactos de las cuestiones y, por tanto, si siguen la norma fijada, lo hacen por espíritu de disciplina y por la confianza que tienen en sus dirigentes, más que por una íntima convicción, por una espontaneidad racional. Así sucede que, a cada hora histórica importante, se realizan las desbandadas, los ablandamientos, las disputas internas, las cuestiones personales. Así se explican también los fenómenos de idolatría, que son un contrasentido en nuestro movimiento y que hacen entrar por la ventana al autoritarismo expulsado por la puerta.

No se ha difundido una convicción firme. No existe esa preparación, realizada a lo largo del tiempo, que conduce a la rapidez del deliberar en cualquier momento, que determina los acuerdos inmediatos, acuerdos efectivos, profundos, que refuerzan la acción.

La Asociación de cultura debería cuidarse de esta preparación, debería crear estas convicciones. Desinteresadamente, es decir, sin esperar el estímulo de la actualidad, en ella debería discutirse todo lo que interesa, o pueda interesar un día, al movimiento proletario.

Además, existen problemas (filosóficos, religiosos, morales) que la acción política y económica presupone, sin que los organismos económicos y políticos puedan discutirlos en su propia sede y difundir sus propias soluciones. Esos problemas tienen una gran importancia. Son los que determinan las llamadas crisis espirituales, y nos ponen entre los pies inoportunamente, de vez en cuando, los llamados “casos”. El socialismo es una visión integral de la vida: tiene una filosofía, una mística, una moral. La asociación sería la sede apropiada para la discusión de estos problemas, de su clarificación, de su propagación.

Se resolvería también, en gran parte, la cuestión de los “intelectuales”. Los intelectuales representan un peso muerto en nuestro movimiento, porque no tienen en él un tarea específica, adecuada a su capacidad. Lo encontrarían, se pondría a prueba su intelectualismo, su capacidad de inteligencia.

Construyendo esta institución de cultura, los socialistas darían un fiero golpe a la mentalidad dogmática e intolerante creada en el pueblo italiano por la educación católica y jesuítica. Falta en el pueblo italiano el espíritu de solidaridad desinteresada, el amor por la libre discusión, el deseo de averiguar la verdad con medios únicamente humanos, como los que dan la razón y la inteligencia. Los socialistas darían con ello un ejemplo activo y eficaz, contribuirían poderosamente a suscitar una nueva costumbre, más libre y desprejuiciada que la actual, más dispuesta a la aceptación de sus principios y de sus fines. En Inglaterra y en Alemania existían y existen poderosísimas organizaciones de cultura proletaria y socialista. En Inglaterra es especialmente conocida la Sociedad de los Fabianos, que estaba adherida a la Internacional. Tiene como función la discusión profunda y dilatada de los problemas económicos y morales que la vida impone o impondrá a la atención del proletariado, y ha logrado poner al servicio de esta obra de civilización y liberación de los espíritus a una gran parte del mundo intelectual y universitario inglés.

En Turín, dado el ambiente y la madurez del proletariado, podría y debería surgir el primer núcleo de una organización de cultura puramente socialista y de clase, que se convertiría, con el Partido y la Confederación del Trabajo, en el tercer órgano del movimiento de reivindicación de la clase trabajadora italiana.

 

[Recogido en Scritti giovanili 1914-1918, Turín, Giulio Einaudi, 1958, 143-145; La formazione dell’uomo. Scritti di pedagogia, ed. de Giovanni Urbani, Roma, Riuniti, 1967, 94-96; y La città futura 1917-1918, ed. de Sergio Caprioglio, Turín, Giulio Einaudi, 1982, 497-500] [Traducción de Salustiano Martín]

Antonio Gramsci, Por una asociación de cultura

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