La transición, el consenso del 78 y la presunta izquierda educativa. Razones para una derrota

(21 noviembre 2004)

Salustiano Martín

     “En la España de la transición no hubo, en ningún momento, una acción política estratégica construida, desde la base, por las fuerzas populares. Los partidos parlamentarios funcionaron desde sus cúpulas y por medio de pactos con las otras cúpulas; nunca se identificó el camino para progresar hacia la hegemonía de las clases subalternas. La clase trabajadora fue utilizada sólo para acciones tácticas (en huelgas o manifestaciones de protesta o de apoyo), jamás se puso (ni nadie creyó que debiera ponerse) en dirección hacia su crecimiento cultural y moral. Nadie entre los dirigentes pareció ser consciente de lo que se jugaba en el envite; nadie vio que el camino hacia la hegemonía, sencillamente, se ignoraba por completo.

Por su parte, la izquierda educativa jugaba a poner a los niños (sus juegos y su “creatividad” -su libre albedrío-, no su necesidad de conocimientos) en el centro de la relación educativa, y a “democratizar” la enseñanza haciendo aparecer a los padres como los patronos o los capataces de los trabajadores de la enseñanza (y a los inspectores como los comisarios políticos prontos a trasladar los deseos de los “clientes” contra los derechos y las responsabilidades fundamentales de los trabajadores de la enseñanza); la libertad crítica que se había logrado frente al Estado se vino abajo cuando se introdujo la vigilancia del pensamiento y de la disidencia en los propios centros: los padres espiaban para el poder; los inspectores recibían sus denuncias a través de directores que ya no se sentían trabajadores de la enseñanza, de modo que, de hecho, funcionaban también como “comisarios políticos”. Fue el momento de la LOGSE: el momento de la destrucción educativa de la clase trabajadora.

¿Por qué? ¿Qué se pretendía con eso? La educación era el camino hacia la hegemonía de la clase trabajadora. La izquierda educativa desconoció eso, porque desconoció, incluso, en qué debía consistir la hegemonía de la clase, porque no se planteaba siquiera el logro de esa hegemonía. En lugar de desarrollar un sistema educativo que fortaleciera los conocimientos y las energías morales de las clases subalternas, procedieron al desmantelamiento de lo que en el sistema educativo pudiera ser concebido para eso, y destruyeron la posibilidad de que las clases subalternas consiguieran la hegemonía a través de la educación: sin conocimientos ni capacidad crítica (sumidos en la ignorancia), fueron pasto fácil de la ideología burguesa del individualismo posesivo y de la compulsión consumista; sin carácter ni autodisciplina, se entregaron en brazos de la ideología y la ética dominantes.

Así, si no se consiguió la hegemonía de la clase obrera, a cambio, sí se consiguió profundizar (hasta lograr la más degradante sumisión a ella) la de la burguesía. En el mejor momento para el avance de las fuerzas de izquierda, éstas (PSOE, PCE, IU, sindicatos), en la práctica y en la teoría, se suicidaron (¿sin pedir nada a cambio?). La presunta izquierda educativa teorizó el método y persiguió a los disidentes que se negaron a secundar tal desaguisado. Finalmente, la mayoría absoluta, que habían obtenido en unas elecciones históricas (1982), fue dilapidada entre chulerías y corrupciones; las clases que la habían apoyado le volvieron la espalda (en un increíble proceso desmoralizador de aculturación conservadora, consumista e insolidaria), y la derecha más reaccionaria y fundamentalista fue elegida por los votos del pueblo (1996). ¿Aprenderemos algo de la lección?”

Estas reflexiones las escribí el 21 de noviembre del 2004; las rescato ahora por si pueden servirnos para algo. Lo primero que hay que hacer, para entender por qué estamos como estamos, es reflexionar sobre lo que nos ha traído hasta aquí: qué hicimos, qué estrategia regía nuestra actuación, cuál fue nuestro pensamiento entonces, y, sobre todo, qué fue lo que no hicimos y debimos hacer, y cuáles fueron las razones políticas, organizativas, intelectuales y morales que nos llevaron a esa negligencia (auto)destructiva. Ahora es la hora de que comencemos una reflexión que haga posible que nos liberemos del lastre del pasado y nuestro avance hacia una teoría educativa al servicio de los intereses hegemónicos de la clase trabajadora. Y si no es ahora, ¿cuándo?

La transición, el consenso del 78 y la presunta izquierda educativa. Razones para una derrota

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